Trece años sin Kelme, la garra del pelotón (Capítulo II)

Trece años sin Kelme, la garra del pelotón (Capítulo II)

25 marzo 2020 Desactivado Por Virginia Barriuso Terradillos

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Apenas seis semanas después de la finalización de la Vuelta a España de 1980, trece equipos ponían rumbo a Frankfurt para participar en la 67ª edición del Tour de Francia. Sólo dos partieron desde España. Uno de ellos fue el Teka. El otro, pese a su escaso bagaje y la falta de experiencia internacional, sería el Kelme, que debutó en la ronda francesa gracias probablemente a la mediación de Eddy Merckx, quien mantenía una buena amistad con Rafa Carrasco y terminaría ejerciendo de asesor técnico y proveedor de bicicletas de la escuadra ilicitana.

No obstante, auspiciados por los modestos resultados obtenidos en sus primeros meses de vida, comenzaron pronto los rumores que anticipaban un final prematuro para el Kelme. Pese a ello, Pepe Quiles no dudó en seguir apostando por el gran escaparate en el que se había convertido su equipo e iría aumentando paulatinamente la inversión en el mismo. Con el tiempo, Kelme sería algo más que la escuadra profesional patrocinada más longeva del mundo. Algo más que la representación de una marca o que el nombre de un equipo. Se convirtió en un símbolo. La popular imagen en forma de huella, emblema de la marca levantina, se tornó en sello distintivo y se plasmó en una forma valiente de entender, vivir y sentir el ciclismo.

Nunca llegaron a tener los presupuestos más elevados, ni capacidad de retener a las grandes figuras que se forjaron en sus filas. Tampoco encabezaron los rankings de la época. Su nombre ni siquiera sonaba como favorito para las grandes victorias, pero sí para las grandes gestas. Allá donde la carretera se empinara, allá donde hubiera un frente abierto aparecían sus colores. Combativos. Guerrilleros. Nunca perdieron su esencia, su espíritu. Ni siquiera cuando los problemas económicos de la multinacional Kelme provocaron que ésta no pudiera continuar con el patrocinio del equipo. Tampoco cuando, con el nombre de Comunitat Valenciana, pero con el alma y la garra de siempre, dijeron adiós al ciclismo profesional.

En sus 27 años de existencia, el equipo se convirtió en hogar y familia de muchos talentos españoles, y en puente hacia Europa de innumerables colombianos como Fabio Parra, Hernán Buenahora, Martín Farfán, Chepe González o Santiago Botero. A su amparo creció el cordobés Pepe Recio, ganador de la etapa más rocambolesca de la historia de la Vuelta y estandarte del Kelme de los ochenta. Sus colores los vistieron entre otros Juan Fernández, Lale Cubino, Chechu Rubiera, Fernando Escartín, Rubén Plaza, Aitor González o Roberto Heras, ganadores estos dos últimos de sendas Vueltas. También Óscar Sevilla y Alejandro Valverde, hoy únicos supervivientes de una época.

La trayectoria del Kelme, como la del propio ciclismo, fue una historia de altibajos, con sus momentos más dulces en el inicio del nuevo milenio. En el año 2000 cosecharon su primera grande, la Vuelta a España de Roberto Heras. Vivieron también un bonito Tour, que brindó imágenes tan recordadas y bellas como la de Javier Otxoa alzándose con la victoria en la etapa con final en Hautacam. Un año después, reeditarían el título de mejor equipo de la ronda gala, en el que sería el tercer Tour dominado por Lance Armstrong.  Ya en 2002, y pese a las disputas de liderazgo internas, se impondrían nuevamente en la general de La Vuelta, todo ello bajo las órdenes de Vicente Belda.


Imagen destacada: Mundo Deportivo

Sprint Final. Virginia Barriuso (@Vicki_BT).