Mariscada de palitos de cangrejo

Mariscada de palitos de cangrejo

1 agosto 2019 Desactivado Por M. Bouzas Fernández

Han sido muchas las voces que durante éstos últimos días han catalogado al Tour de Francia como «el mejor Tour de los últimos años» o incluso «un Tour de ataques y alternativas». La emoción por saber quienes integrarían el podio final de París se mantuvo en pie hasta los últimos kilómetros de la última etapa de montaña. De hecho este Tour ha batido un récord, y es que nunca en la historia de la ronda gala primer y tercer clasificado habían estado tan cerca: solo 1:31 separaron a Steven Kruijswijk de Egan Bernal. Sin embargo las razones de esta igualdad artificial tienen un trasfondo bastante preocupante: la decadencia de la Grande Boucle

El Tour se degrada edición a edición. Tras siete años de rodillo de Sky la organización ha buscado fórmulas para hacer más atractiva una carrera que a cada año que pasa carece más y más de emoción. El primer punto a tocar del declive del Tour es el propio recorrido, que ha sufrido una peligrosa vueltificación.

A partir de 2008, el Tour de Francia, en consonancia con el resto de grandes vueltas empieza a reducir los kilómetros contrarreloj. De dos cronos largas se pasa a una. Hasta ahí aceptable. Pero es que en los últimos tres años, las contrarreloj largas no han sobrepasado ni tan siquiera los 30 kilómetros. De hecho si sumamos los kilómetros CRI de las últimas 3 ediciones no llegan a sumar los kilómetros disputados en esta disciplina en el Tour 2003 ¡Normal que no haya diferencias! En esa atmósfera de igualdad artificial las grandes etapas de montaña son muchas veces desaprovechadas y no se ven ataques hasta los últimos kilómetros, porque no hay diferencias y no se necesita atacar.

El virus de ciclismo moderno no solo es endémico de la disciplina contra el crono. Las etapas de montaña parecen del Tour del Porvenir más que de la que debería ser la carrera más dura del mundo. 110 kilómetros la etapa con final de Tourmalet; 124 la de Tignes (acabaron siendo 88 por la famosa granizada) y 130 la de Val Thorens que acabó siendo de tan solo 59 kilómetros. Ese precisamente es otro riesgo de las etapas cortas. Ante cualquier imprevisto en un puerto queda un recorrido ridículo.

En un afán de diseñar un recorrido más vistoso el Tour ha tomado por modelo la Vuelta a España. Exceptuando la jornada de Valloire, el resto de etapas de montaña de la Vuelta (Cubilla, Acebo, Andorra, Gredos e incluso Javalambre) son más duras en cuanto a desnivel que las disputadas en este Tour. Algo que hace 15 años sería impensable. Con respecto al Giro d´Italia mejor no hacer esta comparación, ya que las 3 etapas más duras de la Corsa Rosa acumulan más de 5500m de desnivel, dato al que solo la etapa de Valloire puede acercarse, pues el resto de etapas de montaña a duras penas llegan a los 4000 metros de desnivel.

Se tiene por tanto un caldo de cultivo perfecto para el no-espectáculo: en la Planche des Belles Filles, el empeño de ASO en poner la meta en una rampa de garaje favoreció que todos los favoritos llegasen a meta en un pañuelo;, sin ataques; en el Tourmalet se subió a ritmo y el ganador de la etapa se decidió casi que al sprint, con Julian Alaphillippe siendo segundo en uno de los puertos más duros de los Pirineos; en la jornada de Valloire los ataques quedaron para los últimos 2-3 kilómetros de subida; Val Thorens tuvo una resolución similar a la etapa de Planche des Belles Filles y en la etapa de Bagneres de Bigorre llegó un grupo de favoritos de casi 50 ciclistas.

Bien por el paupérrimo diseño del recorrido o bien porque las escasas diferencias no obligaban a los favoritos a atacar, 5 de las 7 etapas de montaña tuvieron un desarrollo decepcionante. Se podría salvar de la quema la etapa de Valloire, pues el descenso del Galibier dio más minutos de emoción y la dureza de la etapa dejó las piernas de los ciclistas vacías. Solo dos de las etapas de montaña han tenido un desarrollo medianamente atractivo. En el final de Prat d´Albis, Thibaut Pinot lanzó un ataque a 7 kilómetros de la cima, uniéndose a un Mikel Landa que había demarrado en la anterior ascensión. Además en la antepenúltima jornada -que iba camino de ser la mejor etapa de montaña del Tour desde Galibier 2011- estuvo protagonizada por el ataque lejano de Egan Bernal hasta que se tuvo que parar la carrera por las inclemencias meteorológicas.

En cuanto al desarrollo de la carrera, solo dos hombres de la general realizaron ataques: Egan Bernal y Thibaut Pinot. Podríamos incluir a Mikel Landa, si bien sus opciones desde su caída en la primera semana se veían mermadas. Geraint Thomas, segundo en la general, apenas protagonizó dos «amagos» en el Col de l’Iseran y en el Galibier. Steven Kruijswijk -tercero- realizó dos arrancadas (ataques de peseta) en Prat d’Albis e Iseran. Pero sin duda la palma se la lleva Emanuel Buchmann, cuarto en la clasificación general a 20 segundos del podio, quien no realizó ni un solo ataque en toda la ronda gala. ¿Volverá a tener otra oportunidad igual en toda su vida?

Y este año no ha habido trenecito del Sky (ahora Ineos). Los de Brailsford estuvieron agazapados en los Pirineos y realizaron su apuesta en los Alpes. Incluso dio la sensación de que los Kruijswijk o Buchmann les perdonaron la vida en los Pirineos, pues Bernal no era el más fuerte y Thomas sufrió mucho en el último kilómetro del Tourmalet y en Prat d´Albis subió en el grupo de Valverde -el Tour del Movistar es digno de otro artículo-. Finalmente, el tan criticado Ineos protagonizó el ataque más espectacular de la edición, con Bernal rompiendo la carrera en las rampas del Col de l’Iseran.

En definitiva, muchas etapas de montaña, igualdad, «emoción»… Una auténtica mariscada. Pero de palitos de cangrejo.


Imagen destacada: ASO

Sprint Final. Miguel Bouzas (@migbouzas2502).