La Vuelta a Burgos más singular

La Vuelta a Burgos más singular

10 agosto 2020 Desactivado Por Virginia Barriuso Terradillos

Hace unos meses la vida se paró. Nuestra rutina, nuestra forma de relacionarnos, nuestros planes tomaron un desvío que no venía marcado en el libro de ruta y se toparon de frente con un muro infranqueable en forma de tragedia sanitaria. Y así, con la vida en pausa, se paró el ciclismo. Un mal menor. Tras las últimas pedaladas en Paris-Nice, inciertas, temerosas, se trazó un punto y aparte en la temporada ciclista. O tal vez, difícil aventurarlo entonces, un punto final. El rodillo reemplazó a las bicicletas. Las reposiciones televisivas de etapas históricas engañaron al hambre de ciclismo en directo. Las grandes carreras buscaron su acomodo en un nuevo calendario, y con más incertidumbre que certezas una pequeña carrera provincial puso todo su empeño en salir adelante en sus fechas originales, siempre que así lo permitiese la situación sanitaria.

La Vuelta a Burgos se convirtió entonces en epicentro de muchas expectativas y anhelos. Punto de mira de los que deseaban colocarse de nuevo un dorsal, ansiosos de competir y probar unas piernas desconcertadas por tan excepcional parón. Medicina necesaria para el síndrome de abstinencia compartido entre multitud de aficionados. Banco de pruebas para el ciclismo de la «nueva normalidad». El trabajo incansable e impecable de Marcos Moral, Miguel Ángel de los Mozos, Sonia Martínez y el resto de su equipo y colaboradores hicieron ver a todo el mundo que la Vuelta a Burgos iba en serio. Comenzaron entonces las noches sin dormir, los dolores de cabeza, los nervios ante lo desconocido, la responsabilidad sobre ellos pesando cual plomo.

Con la parte técnica bien atada y con todos los equipos y estrellas llamando a sus puertas, la ronda burgalesa se vio ante una oportunidad única de recuperar el brillo de los años 90. Por aquel entonces, con Gregorio Moreno a la cabeza, la carrera alcanzó la más alta categoría y comenzó a destacar no solo por su nivel deportivo, sino también por su ejemplar organización y seguridad. Respaldada siempre por la Diputación provincial, la Vuelta a Burgos ha sabido desde entonces mantenerse en pie pese a los obstáculos encontrados en el camino. Piedras incómodas como el Protour y la crisis que hace no tanto asoló nuestra economía hicieron temblar sus cimientos a la vez que provocaban que otras carreras menos afortunadas desaparecieran del calendario ciclista.

En este 2020 tan complejo y atípico la carrera burgalesa ha vuelto a mostrar su buen hacer y su instinto de supervivencia enfrentándose con éxito a un reto mayúsculo: el de ofrecerse como escenario para que el ciclismo del más alto nivel pudiera reanudar su función, preservando la salud y seguridad de sus participantes y asistentes. Que una figura tan mediática como Remco Evenepoel haya inscrito su nombre en el palmarés de la prueba o que velocistas de la talla de Fernando Gaviria aparezcan desde ahora entre sus ganadores de etapa son una buena recompensa al esfuerzo realizado.

Con muchos candidatos anhelando estar en su línea de salida, la ronda burgalesa no quiso tampoco dar la espalda a equipos y corredores modestos que necesitan para su supervivencia de carreras como esta, tanto como este tipo de carreras les necesitan a ellos para nutrir su pelotón cuando los grandes no acuden a su llamada. En esta ocasión, nadie quería faltar. Los paisajes castellanos, sus viñedos, pinares y girasoles, sus campos de cereal recién cosechados jalonados por pequeños pueblos y reviradas carreteras se han aliado con el viento, con el calor, con los nervios y con las ganas de competir de los corredores y nos han ofrecido cinco días de ciclismo tan esperados como intensos.

Las audiencias de Teledeporte, las portadas en periódicos deportivos de tirada nacional, el gran seguimiento en foros y redes sociales delatan las ganas que había de volver a sumergirse en este deporte y de vivir cada carrera y disfrutar cada pedalada como si fueran las últimas, porque puede que, en cualquier momento, así lo sean. En cualquier caso, la Vuelta a Burgos ha superado ya incólume y con nota su más singular edición. ¿Los secretos? Mucho trabajo, experiencia… otro tanto, corazón. Y el deseo de recuperar un estatus que nunca mereció haber perdido.


Imagen destacada: Lander López / López Sport

Sprint Final. Virginia Barriuso (@Vicki_BT).