Edoardo Bianchi, el hombre que dio vida a la pasión celeste (Capítulo II)

Edoardo Bianchi, el hombre que dio vida a la pasión celeste (Capítulo II)

10 abril 2020 Desactivado Por Virginia Barriuso Terradillos

Edoardo Bianchi no era sólo un magnífico artesano. Era ante todo un trabajador meticuloso, un empresario innovador y un gran inventor. Pese al escepticismo inicial del resto de fabricantes y competidores, Bianchi apostó por incorporar las ruedas de igual diámetro a sus diseños. Fue también pionero en trasladar a sus bicicletas el neumático con cámara de aire de John Boyd Dunlop. Creó la primera bicicleta con transmisión cardán e introdujo los frenos de puente con zapatas en la rueda delantera.

Un buen día, en 1895, recibió un encargo muy especial. Uno, dicen, que le quitó el sueño durante varias noches. Edoardo debía desplazarse a la villa de Monza y enseñar a la reina Margarita a montar en una de sus bicicletas. A raíz de aquello decidió fabricar un cuadro cuya geometría se adaptase específicamente a las mujeres y a las aparatosas faldas que vestían en la época. Tras aquel episodio Bianchi se convirtió en proveedor oficial de la casa real, de ahí la aparición del escudo de armas de los Saboya en sus bicicletas. También fue entonces, cuentan algunos, cuando ideó pintar sus bicis de un tono azul aguamarina, acorde al color de los ojos de la reina.

Un tiempo después, en 1911, el ministro de defensa italiano convocó un concurso en el que participaron más de una decena de fabricantes. El objetivo de aquella competencia no era otro que el de elegir el mejor modelo de bicicleta plegable para el Bersaglieri, prestigioso cuerpo de la infantería italiana reconocible por su alta movilidad, sus cascos con plumas de urogallo y su puntería certera. Las deterioradas y polvorientas carreteras que ejercieron de juez de aquella prueba ratificaron a Bianchi como proveedor de la armada italiana. Para sus modelos militares Edoardo incorporó cubiertas más anchas, amortiguadores delanteros y suspensiones sobre las dos ruedas. Habían quedado sentadas las bases de la bicicleta de montaña.

Aquellas máquinas, desafortunadamente, no tardarían en ser testadas en una guerra. El 28 de junio de 1914 comenzaba en París la decimosegunda edición del Tour de Francia. A mil ochocientos kilómetros de distancia, en Sarajevo, el heredero del imperio austrohúngaro era asesinado. Pocos días después estallaba la Primera Guerra Mundial. Entre los Bersaglieri que participaron sobre sus Bianchi en la contienda se encontraba un resiliente albañil acostumbrado al hambre y la pobreza. No era otro que Ottavio Bottecchia. En 1924, Ottavio se convertiría en el primer ciclista italiano en ganar el Tour de Francia. Hoy se le recuerda por sus dos Tours y por una efímera vida plagada de adversidades… tantas como incógnitas rodean aún su muerte.


Imagen destacada: BikeRaceInfo

Sprint Final. Virginia Barriuso (@Vicki_BT).